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Tallercitos en Orán

¡¡Hola Chicos !!
¿Cómo están? Supongo que muy bien!!! llevando ideas nuevas por el mundo ,con la generosidad que los caracteriza y esa fuente de energía inagotable.

Les escribo para contarles que durante la semana pasada hice 3 talleres de lectura, uno con cada uno de mis grados (primero, segundo y tercero de EGB 1). Generó tanta expectativa en el colegio que tuve la visita de varios padres, intentando colarse al taller ... jaja (asi que les largué la propuesta de hacer uno con padres y les gustó !! ) pero después vino la solicitud, por parte de los chicos de segundo ciclo a Gladys ( la otra maestra de Lengua), de hacer talleres ellos también y yo me ofrecí para que los hagamos juntas asi que a partir de este jueves 5 , se vienen 3 talleres más.

Si bien es cierto , que durante todos estos años, yo venía trabajando en cada taller de una manera en algunos aspectos similar (sacarnos los zapatos, hacer un tiempo de relajación,etc.) lo que no había incorporado era el juego , y creo que en este sentido juega un papel muy importante para interactuar con el otro y generar otra disposición a lo que se propone. Algo leí en el blog al respecto... siempre leo las entradas aunque no escribo muy seguido.
Les cuento que primero preparé las aulas , asi que saqué a todos los chicos ( solo esta acción generó mucha incertidumbre mientras esperaban afuera).
Después fueron pasándome los almohadones pero aún no podían entrar ellos. Intentaban colarse,saber qué les esperaba... Una de las consignas era tratar de no faltar ni llegar tarde ya que comenzábamos a las 7:35 AM . Y la cumplieron estrictamente hasta los más dormilones.
Creo que ese día muchos madrugaron, estaban ansiosos, expectantes.
Puse todos los bancos contra la pared y sobre ellos coloqué varios libros, no tantos como hubiese querido (no dispone de variedad mi mini biblioteca)

A continuación les dije que hicieran una fila, y que sabían que cuando entraramos ya no podíamos salir (más incertidumbre... mientras los padres observaban todo, hasta que una de las madres no resistió más y me dijo: -Puedo entrar a ver, Pao ? yo nunca hice un taller de lectura...)

Al ingresar , les pedí que se quiten las zapatillas, lo hicieron sin ningún problema , en eso los chicos son más libres que los adultos, lo hacen sin cuestionar tanto. Pero la sorpresa fue cuando yo me quité las sandalias... y me decían :- Vos también seño te vas a quedar descalza??? Y les dije : _ Claro !!! si yo también vine a divertirme !!! y recibí un espontáneo aplauso de parte de mis alumnitos de primero. (En eso cambié, siempre hice que mis alumnos esten descalzos en los talleres pero jamás pensé en hacerlo yo !!! Gracias Lean !!! liberarse es bueno, lo aprendí de vos...)


Comencé con un jueguito ( tipo baile, si me hubiesen visto bailar !! jaaj ), los chicos se divirtieron mucho. Después nos fuimos relajando hasta terminar recostados en el piso y a imaginarseeee !!! ... que son aves , en este caso, desde que estaban en el huevo, en el nido rompiendo el cascarón hasta poder volar hacia lugares remotos, pasamos por el mar, la montaña, el río ,sentimos el viento,fue muy lindo!!! Van a ver que en una foto algunos chicos están con los ojos cerrados y moviendo los brazos ...muy loco!!! muy enriquecedor , para todos.Por supuesto, todo esto acompañado de muy buena música (Puente celeste: "Mundos que se tocan") te suena Mar??? Gracias por compartir tu música!!! Fue muy generoso de tu parte.

Luego pasamos a la escucha de algunos cuentos. Como me enloquecí con Pescetti , la mayoría de él, también escuchamos algunos que me dejó Martín en la compu, muy buen momento !!

Y por último la exploración de libros , los propios,los de los compañeros y los que yo les puse en las mesas. ¡¡¡ Estaban felices !!!

Debo confesar, con modestia aparte, que disfrutaron en todo momento . Los más grandecitos me dijeron que había sido diferente, un "encuentro distinto con los libros" y los más chiquitos lo definieron "como una fiesta".¡¡¡Fascinante!!!

Demás está decirles que cada vez que entro a una de las aulas me preguntan cuándo hacemos de nuevo un taller de lectura. Así que antes que terminen las clases, dos más por lo menos.

Y ahora va la nueva propuesta: Hacer un taller en otra institución, con los alumnos de una compañera que trabaja por la tarde en una escuela pública. Y me pongo a pensar... Qué lindo sería tener una valija cargada de libros y recorrer distintas escuelas abriendo estos espacios de encuentro con la literatura ...seguramente un nuevo proyecto para el próximo año. Ya les avisaré si se concreta...

Bueno chicos, el relato tendría que ser mucho más largo (aunque de hecho ya lo es) para contarles más detalles y sobre todo hacerles algunas preguntas, pero sé que el tiempo en el ciber es limitado y les deben llegar muchos mails.

Desde ya saben , que mi agradecimiento hacia ustedes, es infinito !!!! Con orgullo puedo decirles que conocerlos fue lo más enriquecedor que me sucedió en este último tiempo, no solo como maestra, como estudiante del Profesorado en Lengua sino como persona, como amiga !! Gracias por hacerme un poquito más libre...gracias por enseñarme a disfrutar, a jugar,a ser menos estructurada, menos predecible, a ver la vida desde las palabras.



TE QUIERO LEANDRO KOHAN !!!

TE QUIERO MARTÍN BROIDE !!!

Y DE NUEVO GRACIAAAAAAASSSSSSSSSSS ...TOTALEEEEEEEEESSS !!!!!!...besotes

PAO

P/D: Adjunté algunas fotitos que ilustran humildemente lo que pasó.

Tarijalleres


Han ocurrido tres seguidos. Domingo, Lunes y Martes. Hasta ahora.

Primero con un grupo llamado Amigos sin frontera que hacen trabajo social aquí en Tarija y con permanente intercambio con Bélgica.


Domingo 8:00a.m. Llegamos a la escuela de bellas artes, arriba de todo iba a suceder el taller. Estaban citados 8:30 y llegamos bien para preparar el lugar.
Ya el taller estaba más definido, siendo la tercera vez que lo hacemos. Sin duda eso se nota y aparecen otras cosas. Es muy interesante como cuando se empiezan a afirmar algunas cosas básicas hay más lugar para la improvisación y esto abre muchos lugares nuevos.
Por otro lado en esta oportunidad tuvimos materiales para trabajar con la plástica, eso fue super rico. Es increíble, abre muchos otros lugares, involucra al cuerpo de una manera muy especial y muy distinta, sin la necesidad de intervenir tanto y estuvo muy bueno también que estaban compartiendo cartulinas grandes de a 3 ó 4, lo que después comentaron en la puesta en común, que no sabían si pasar al sector del otro, o si estaban molestando con lo que hacían, se movían cosas muy interesantes. Después compartimos las cuatro obras caminando alrededor y mientras Mar y yo tarareábamos "É doce morrer no mar" todo esto fue improvisado por él en el momento y estuvo buenísimo, les encantó que les cantáramos, el compartir, el ver cómo se entrelazaban sus líneas con las de los demás.
Ricardo valoró entre otras cosas que nosotros no los tomábamos como inferiores, no me acuerdo exactamente cómo lo dijo. Pero.


Es muy groso como gente que dice que no le gusta escribir, después escribe cosas tremendas!!! No se pueden creer y yo no entiendo nada por momentos. No puede ser que la persona que hace un rato dijo que no le gustaba escribir esté leyendo un texto propio increíble. Pienso, a qué asociamos el escribir. Porque uno puede escribir muchas cosas. Puede no gustarnos la acción de escribir. Puede no gustarnos escribir un trabajo para la escuela o para el trabajo. Puede gustarnos o no, escribir cartas. Escribirnos cartas. Escribir novelas. Cuántos escribires que hay.

Esto lo estoy pensando mientras escribo justamente. Y también pensando mucho en lo que me pasa a mi. Es también un desafío grande escribir porque uno no sabe qué le pasa al otro con eso. La mayoría de las veces el otro lo lee mientras uno no lo ve y aún cuando están juntos es imposible expresar todo lo que la lectura genera.
En general, hablando, eso es bien distinto. Uno ve en el otro qué provoca lo que uno dice. Hay mucha menos incertidumbre en el habla. La escritura nos desafía a bancarnos no saber muchas cosas de las que pasan con eso que escribimos. Y mucho mucho más que ni siquiera puedo entender.


Bueno, me fui por las ramas.








El lunes, el taller fue con bibliotecarias. En la biblioteca central de Tarija que se cerró para tal fin. Vinieron las bibliotecarias de todas las bibliotecas de Tarija. Eran unos 20 más o menos. En realidad había un solo hombre.


Fue un cambio bien drástico.
Por un lado yo estuve bastante más pasivo ya que fue Mar el que coordinó todo el taller. No hubo ejercicios corporales de los que venimos haciendo. El cuerpo estaba involucrado de otra forma. Fue bien interesante.

Lo que se pudo ver muy claramente y que ya sabíamos de antemano es que ninguna es bibliotecaria de oficio. Las pusieron ahí como podría haber sido cualquier otra dependencia de la alcaldía. Por lo tanto era bien difícil por momentos. Fue la vez en la que trabajamos con gente más grande y la primera que nos "enojamos" en un momento y les pusimos los puntos porque no escuchaban a los demás.
Pasaron algunas cosas que dejaban bien claro lo anterior. Escuchamos más de una vez "escribido". No conocían casi ningún libro. Se valoraba muy poco lo escrito, preguntaban cuántos renglones tenían que ocupar los textos.
Y pasó algo interesante con una en particular. Cuando encontró su sobre, ya que había mensajes perdidos para todos. Me dice: qué es lo que tengo que hacer, porque mirá. Dice: No se trata de hablar. O sea que no es que hay que hablar todo el tiempo, no hace falta. Después dice: ni tampoco de callar. O sea que no hace falta estar callado todo el tiempo tampoco. Y dice: se trata de abrir algo entre la palabra y el silencio. O sea... ¿Qué hay que hacer? ¿Hay que explicarlo? ¿Describirlo?
Yo le digo, a ve Kika, leelo de nuevo.
Y de vuelta lo mismo. A ver, No se trata de hablar. O sea que no hace falta hablar todo el tiempo. Ni tampoco de callar. Pará pará Kika. Leelo todo de corrido. Ah, bueno bueno. Lo lee. ¿Y ahora?
Ahora escribí todo lo que te pase con eso. ¿Todo lo que me pase?


Bueno, básicamente fue eso. No lo podíamos creer. Es la bibliotecaria de la biblioteca central de Tarija.

Otra cosa muy fuerte es que todos los libros están encerrados, bajo llave. Y no pueden ser llevados de la biblioteca. Es indignante eso, absurdo. Mar les decía: ¿cuántas novelas pueden ser leídas? si no se pueden sacar. ¿Cuánta gente va a venir acá todos los días a leer una novela durante una semana? Mejor que se roben algunos libros a que se pudran ahí adentro. Y se enojaba un poco cuando lo decía. Porque es muy indignante, realmente. Y una se puso a contar que cuando refaccionaron la biblioteca, tuvieron que sacar libro por libro para limpiarlos y reacondicionarlos. Ellas se enfermaban por el polvillo. Yo dije, con lo que se ahorran de seguro social compran los libros que se roba la gente!! No se puede entender.
Es muy fuerte lo de las bibliotecarias. Igualmente el taller estuvo muy bueno, creo que siempre algo queda. Ellas quedaron muy contentas. Al final les regalamos É doce morrer no mar pero esta vez cantada y con guitarra mientras estaban con los ojos cerrados. Igualmente son muy hornelis... es muy fuerte...

Por suerte el martes volvimos con los Amigos sin frontera.
Esta vez en el albergue municipal. Que estuvo muy lindo, aparte fue a las 7 de la tarde, estaba todo muy tranquilo y colaboraba mucho con el taller.
Aparecieron algunos amigos nuevos y otros faltaron.
Otra cosa nueva era el taller que dimos, de las despedidas y los encuentros. Dije chau, le pusimos. Así se llama el poema de Roberta Ianamico que dije como disparador para la primer escritura.

Fue bien interesante este taller por varios motivos. Por un lado fue la primera vez que nos dividimos la coordinación de otra forma. Yo estuve en toda la primer mitad, incluyendo justamente esto. Dije un poema, di una consigna de escritura, que era algo impensado para mi. Y hubo mucha improvisación, desde el comienzo. También fue bien interesante que yo estaba medio... entre tranqui e introspectivo, medio raro y no forcé otra cosa, trabajé desde ahí y aparecieron otras cosas, otras voces.
El taller está buenísimo, es súper potente. Es un tema que nos toca a todos sí o sí y fue eso lo que pasó, aparecieron textos muy lindos, mucho desahogo también, los hicimos mirarse un rato a los ojos, cosa que costó pero estuvo muy buena.
El final también fue muy lindo porque les regalamos gracias a la vida, de violeta y se re coparon y después cantamos algunas más, terminamos muy tranquis y todos muy contentos.


Con todo esto también a mi me apareció mucha inseguridad por momentos al principio. Y sentí que me ponía medio soberbio, que me iba para cualquier lado pero también sentí que con el precedente de Orán pude tomármelo de otra forma y que no tiña todo el taller, juzgarlo menos y vivirlo más.



Estoy terminando de escribir esto el lunes 12 y ya pasó un taller más.

Este último fue en La Colmena, una comunidad de Alcohólicos Anónimos que dirije un cura y que nos recibió muy hermosamente.

El taller fue el sábado a la mañana, más precisamente a las 9. Nos levantamos bien temprano y arrancamos hacia allá con las psicólogas que trabajan ahí. Charo y Maggie.

Me encantó que fue el taller en el que más jugamos, eran muy grandes la mayoría y se pusieron a jugar con nosotros un montón, fue muy lindo como con cosas muy simples, con una pelota y los nombres y más tarde con la cuenta regresiva se divirtieron mucho.
Esta vez no hubo escritura de un texto, sólo palabras que se venían al ver el cuadro "El grito" de Munch, o algo así, luego hicieron de a dos un grito, en una hoja grande, valiéndose de letras recortadas, acuarelas, y la escritura también. Fue muy lindo. Nos agradecieron mucho y aparecieron cosas muy interesantes. Uno dijo que fue la primera vez que se sentía como una pluma, que flotaba en el aire. Que no sabía si era normal pero que a él le pasó eso.Y que estas cosas le daban bienestar al alma.
Al toque otro dijo que a él la literatura le hacía mal. Yo no entendía nada. Después dijo que era la literatura de alcohólicos anónimos, que le daba mucha tristeza. Que no sabía como reparar que había defraudado al nieto, que para él era un mentiroso. Pero que en el cuadro había visto un puente y que eso le había dado alegría, porque el puente une caminos, que eso le daba esperanza.
Con él estuve hablando mucho después ya que almorzamos ahí y nos sentamos en la misma mesa. Estaba muy interesado en cómo es que aprendimos esto, por qué lo hacíamos, qué nos movía a hacer todo eso. Hablamos mucho. Fue bien interesante. Y al final me dice: bueno, ahora el tema es cómo hago para estar el sábado que viene de nuevo. Ya que vamos a ir y le toca a otro grupo...
Fue muy groso como primero a mi me pareció que el sentía que no le había hecho bien, casi que estaba enojado. Y después terminó re copado, fue muy zarpado.
Algo que también apareció fue que en ningún momento los tratamos como alcohólicos. Eso es muy fuerte. Hacer foco en lo que nos pasa a todos. No que porque ellos son alcohólicos hay que trabajar con ellos.
Estuvo muy bueno.
Estamos muy contentos y con un montón de preguntas nuevas. Eso es lo lindo.

Talleres en Orán

Orán es para nosotros especialmente valioso. No sólo por la gente que fuimos conociendo, sino porque fue un lugar al que, llegando sin conocer nada ni nadie, e incluso arribando un poco de casualidad, pudimos tener encuentros muy intensos y realizar dos talleres, ambos en la Casa de la Cultura.

El preludio es para muchas cosas a pensar respecto a la gestión cultural. Llegamos a Orán un viernes, pensando en estar de paso, un par de días, para escribir en el blog y volver a partir. Sin embargo, el sábado, caminando por una calle céntrica, nos topamos con la Casa de la Cultura. Se nos ocurrió entrar y, en seguida, nos pusimos a conversar con una mujer que resultó ser su directora: Constanza.

Desde ahí se fue armando el panorama: hablamos de hacer los talleres, surgió la posibilidad de tocar en un bar (lo que efectivamente hicimos) conocimos otras personas, conseguimos alojamiento y hasta nos facilitaron varias comidas. De pronto, teníamos mundo en Orán.

La propuesta fue triple: por un lado, hacer un taller con jóvenes. Por otro, uno con adultos, en lo posible docentes, bibliotecarios u otros actores del mundo cultural. El tercer punto, y cruce, era armar un grupo de jóvenes mediadores culturales, al modo que hacemos, en Santa Cruz y en Buenos Aires, con Puentes Culturales. Hoy, yéndonos, la sensación es que tal vez este tercer punto era demasiado ambicioso, aún cuando nos encontramos con un grupo bárbaro de jóvenes y adultos capaces de continuarlo.

El análisis de por qué no lo voy a hacer en esta entrada. Voy a dejarlo más adelante, es complejo y largo. Sí quiero contar un poco acerca de cómo fueron los talleres.

Desde la semilla - Taller con jóvenes

Aunque tras una convocatoria en una escuela creíamos tener un grupo de unos veinte chicos, finalmente estuvieron sólo los que venían con invitación especial, de un grupo de teatro y uno de comunicación, además de una chica invitada por su madre, que había sido convocada al taller de los adultos. Eran unos doce.

Trabajamos en la biblioteca de la Casa de la Cultura, un espacio lindo, luminoso, amplio, aunque con un problema, esa tarde: al lado, en el auditorio, dentro del mismo edificio, era la presentación de las chicas que iban a participar de la elección de la Reina de Salta. Así, ya desde el comienzo, música pop, gritos de gente, pruebas de sonido, fueron parte también del ambiente con el que contábamos para el taller. Por suerte, en ningún momento se rompió el microclima.

Decidimos hacer el taller de la tierra, de la misma manera que lo habíamos hecho en Valdocco. Un poco para seguir asentándolo, un poco para probarlo con otras personas.

Comenzamos, así, con un trabajo de caminata, y juego involucrando al cuerpo. Luego un recorrido imaginario, con la palabra y con ojos cerrados, de la semilla al florecimiento del árbol, llevando también al cuerpo desde el estar acurrucado a la expansión hasta las puntas de los dedos.

De ahí, fuimos a la recolección de palabras. Ese momento duró más de lo que pensábamos. Habíamos conseguido un equipo de música, y pusimos, de fondo, a Debussy. El clima se armó intenso, y los chicos, en el suelo, escribían. Cortamos luego de un rato, para seguir con el trabajo corporal, cuando ya parecía haber necesidad de un movimiento.

Vino más trabajo corporal, agitando de vuelta, moviendo, y, tras dar unas vueltas con los chicos quietos en sus lugares, recitando el poema Pachamama, de Roberta Iannamico, la propuesta de escribir, tomando como disparador su comienzo: "Presa del aburrimiento / empecé a cavar / como sin darme cuenta".

Arrancaron a escribir, estando prácticamente todos en el suelo. Mientras tanto, afuera, llegaban los latigazos sonoros de la elección de la reina, y cada tanto alguien entraba y salía. Y durante ese rato fue que comencé a pensar y repensar acerca de las intervenciones que hacemos o no en los procesos de escritura (ver entrada La expresión creadora).

La puesta en común, luego, fue interesante. Todos, salvo una chica, eligieron compartir sus textos, y algunos hicieron reflexiones y preguntas interesantes acerca del taller, el arte y la escritura. Conversamos acerca de los modos de trabajo de algunos escritores, por inquietud de Luz, Luis contó que él siempre se preguntaba si hacía bien en meterse en actividades culturales, o si no sería que lo hacía sufrir más (ver entrada preguntas, preguntas, preguntas) Juan leyó su texto llorando y luego contó que le traía recuerdos. Antes de eso, había dicho que su texto no tenía sentido.

La balanza poética - Taller con adultos

Al taller de adultos vinieron, además de algunos convocados especialmente por Constanza, muchos alumnos del profesorado de Lengua y Literatura, a los que fuimos a invitar en sus clases el jueves por la noche. Eran unos veinticinco, de distintas edades, que, aún cuando estaban ahí, no tenían demasiado claro a qué habían venido.

Para esa vez, aunque muy sobre la marcha, decidimos hacer el taller del número 2, o la balanza poética (aún no encontramos un nombre lindo), retomando parte de lo que yo había hecho en Valdocco con los del Terciario para articularlo con un trabajo cultural que explorase las dicotomías. Sin embargo, con la decisión apurada de cambiar la planificación, conmigo ya enfermo, sintiéndome bastante mal, resultó muy exigido. Y aunque el taller salió bien, y salieron cosas muy interesantes, para nosotros fue bastante desgastante.

No voy ahora a ir punto por punto. El taller también tuvo una secuencia intercalada de cuerpo y palabra, con un momento de ensoñación con ojos cerrados, y una puesta en común al final. Prefiero ahora destacar algunos momentos sueltos, que fueron ricos para seguir trabajando.

- Uno de los cambios de la planificación resultó, finalmente, bastante acertado. En vez de la recolección de palabras sueltas de la nada, se me ocurrió hacerla con los libros. Entonces, al terminar la parte corporal, fui armando una enorme oferta, en el piso, a la que invité atacar con la consigna de "para cuerpos renovados, palabras novedosas" (no era eso exactamente, pero no me acuerdo cómo era tampoco). Cada uno podía buscar, en los libros, palabras para recolectar, usando la hoja como canasta. De distintas sonoridades y sentidos, agudas, graves, esdrújulas, con muchas aes o íes, con mucha consonante, en otros idiomas, palabras perdidas y recuperadas, de todo había que traer.

Ese ejercicio fue uno de los más rescatados en el cierre. El comentario, que les había gustado la parte de los libros. ¿Por llegar al libro de otro modo? ¿Por el juego de lo raro? ¿Por la "canasta", que alguien destacó en su comentario? No sabemos, pero gustó. Para tener en cuenta.

- El trabajo con el cuerpo costó más. En parte, porque no sabían a qué venían. En parte, por ser adultos en un contexto tal vez demasiado cercano al de su estudio. Pero, en algunas consignas más movidas, no se animaban mucho.

La censura apareció también, y mucho, en la escritura. En este caso, todos hacían referencia a un docente en particular, en el profesorado, que suele ser muy irónico. Pero podemos sospechar que la escuela, mucho más en general, es también la que ha construido esa reja. La escuela, porque es el lugar al que muchos hacían referencia como único espacio de escritura. No todos, pero unos cuantos, dijeron no escribir más que para el profesorado o la escuela. Y recordemos que es un profesorado de Lengua.

- Otra cosa que destacaron mucho fue que "nunca vienen cosas así a Orán". ¿Qué serán cosas así? ¿Por qué no vienen? ¿Por qué tienen que venir, y no se puede traerlas, si es que hay ganas? La queja venía, en principio, de que por eso costaba escribir más sueltos. Pero que a la vez les venía bien. Aún así, a ninguno se le ocurrió preguntarnos si íbamos a volver, o preguntarnos por otra gente que pudiera ir, a hacer actividades del estilo.

¿Hay interés, realmente? ¿Lo dicen sólo por compromiso? No daba la sensación, pero entonces, ¿por qué no se ocupan de insistir, de buscar, de presionar a la Casa de la Cultura, al profesorado? En ese sentido, la sensación es que nos seguimos moviendo ante la pasividad e impasibilidad, haciendo algo que muchos se quejan que no hay, pero después nadie mueve un dedo para que haya.

(luego vendrán fotos)

Cinco textos cinco
(del taller con los adultos, de gente que, cuando le ofrecimos, decidió que los pongamos. Si entendí mal la letra, avisen de las correcciones que hagan falta)

Noche y día

La noche fárrago colosal;
el día manuscrito tedioso,
paisaje exhaustivo...
La noche y el día... mutilados
ajuar, furor y sequía...

En verano, el día
trenes, marabríes...
La noche, generosa, prolifera
un paisaje colosal

Melina


Muertos chorrean frío
tonel felicísimo Miré
adueñando pánico estridente
leve morbo fantasmal
rojísimo vértigo jurado
estremecí "Mnnj"

La noche
El día y la noche en sus
pechos cobijaron y anidaron
a la joven que caminaba
sin rumbo, junto a su
compañera... la soledad

El día
Clara mirada, reflejante...
clara de colores, formas y olores
clara pureza, libre de miedos ocultos
clara señora plena de juventud...

Laura Ramírez

La noche y el día
- La noche viene llegando plutónica y desgalichada.
- El día se está apagando compungida con el azar de las flores
- La ncohe viene llegando con dentelladas de estrellas.
- El día se está apagando entre cenizas en la hoguera
- La ncohe viene llegando dorita y paciente
- El día se está apagando jocundo e inhóspito
- La noche viene llegando solita y radiante
- El día se va apagando con el cantar de los pájaros

Cintia Noelia Aráoz


La noche memoria, conciencia, silencio y ayer.
El día lejos, resplandor y senderos.
La noche imágenes, ideas, recuerdos.
El día contemplación, jerarquías, justificación.
El día y la noche ruidos y silencios;
soledad y encuentros; fantasías no contadas
esperanzas atesoradas en lo profundo de mi alma

Giselle Cruz


Criatura
Criaturas terrenales somos. Criaturas que tomamos la formas de un animal fértiles y quizás supremos.

Criaturas frutos del vivir. Terrenales somos deseosos del fruto que no tenemos y que queremos alcanzar.

A veces dañino en el pensar, por querer ser perfectos.

Criaturas de tierra con el torso desviado. Miramos el cielo, pero no podemos despegar del vuelo.

Ariel César Garzón

Del primero

El sábado a la mañana llegó una comitiva de estudiantes avanzados de un profesorado de psicología de Resistencia. Ellos venían a alfabetizar. ¿En cuántos días? En 2. Sábado y domingo. Se encontraron con que no había nadie que los recibiera y, menos, gente para alfabetizar.
La cuestión es que estaban mal porque habían llegado hasta ahí después de 12hs de viaje, con muchas cosas preparadas y nadie que los recibiera.
Nosotros a la tarde del sábado dijimos: ché, estaría bueno hacer un taller para los del profesorado, que sea, cuerpo, música y palabra pero no podemos proponerlo nosotros, tiene que surgir de otro lado.
Al otro día Lucila, la directora de Valdocco Chaco le dijo a Martín: ¿qué les parece hacer un taller para los del profesorado?
Al ratito estábamos planificándolo, para esa misma tarde y de más o menos 3hs de duración.
En el almuerzo se les contó a ellos y les interesó.
A eso de las 16hs empezamos con el taller. Estaban todos los de ese grupo y dos chicos del terciario de Valdocco que viven ahí. Marcos y Santiago.
Comenzamos con un calentamiento en el que empezaron a aparecer las primeras dificultades. Sólo mirarse a los ojos y mantenerse en silencio costaba muchísimo, pero lentamente se fue logrando y, a medida que el cuerpo iba entrando en calor, empezaba a aparecer más confianza, más entrega.
El primer ejercicio de recolección de palabras comenzó con un viaje interno guiado por Mar, en el que cada uno de ellos pasaba de ser una semilla, acurrucados en el piso y con todo oscuro a ser una planta, florecida, en plena primavera y con el solcito entrando al lugar. De ahí, a las hojas, a escribir palabras sueltas, todo lo que aparezca. Aparecieron algunas lágrimas, muchas palabras y más confianza para seguir.

Como ejemplo, como para mostrar algo del proceso, tomamos las escrituras de uno de los chicos, Marcos. En este primer ejercicio, escribió lo siguiente:

La vida, esfuerzo, ayuda, aprendizaje, oscuridad, miedo, temor, familia, hojas, victoria, no poder tener raíces con muchas fuerzas, tambalearme, huesos rotos, piel, andamios firmes para seguir más arriba, hijos, núcleo, pie grande, alegría, más alegría, risas, más risas, descanzo, ojos, formas, movimientos lentos, lentos y algunos rápidos, temor, temor, preguntas, preguntas.
¿Por qué? ¿esto es así? Yo no sabía y tu me ayudaste a crecer. Gracias por regarme días tras días, gracias por estar a mi lado, gracias por tenerme en tus brazos…

Gracias por no dejarme con sed…
gracias por los sonidos, gracias a ti, sí a vos te digo gracias por ser un hermano, porque me enseñaste a vivir…
Cada cosa, cada consejo, cada broma, cada chiste, gracias y nuevamente gracias…

Sí, a vos te digo
Que sos un hermano, una hermana para
mi

Seguimos luego, frotando el cuerpo para predisponerlo un poco y se notaba mucho tabú, sólo con nombrar la palabra culo había una revolución en el grupo y lo mismo cuando había que frotarse el pecho. Cabe aclarar que cada uno estaba con su cuerpo eh, nadie tocaba a nadie. Luego hubo una relajación con un viajecito en el que los llevamos por montañas, mares y campos verdes con el viento acariciando las caras seguido por un hermoso poema de Roberta Ianamicco llamado Pachamama en la voz de Martín y un disparador para esta vez escribir usando las palabras antes recolectadas y todas las palabras del mundo lo que ellos quisiesen.

En ese momento nació por ejemplo el siguiente hermoso texto también escrito por Marcos Alfonso que vamos a publicar, al igual que el anterior, con el consentimiento del autor.


Preso del aburrimiento empecé a cavar
Como sin darme cuenta, quizás no entendía lo que hacía, pero yo no paraba de cavar, el sudor crecía y crecía y hasta una lágrima se derramó, pero de pronto, que loco, encontré algo tan preciado que nunca había visto, un pedazo de hierro, todo rumbrado, lleno de tierra, pero yo lo encontré, já! Estaba allí esperando que alguien lo sacase, yo lo encontré! Aunque sea algo tan simple, sin valor, yo lo encontré, es muy valioso, muy preciado, porque Yo!! A eso nunca lo vi.
En esta vida yo me encuentro con cada cosa, parecen simples, parecen sin valor, pero yo! sí! Yo! yo lo encontré.


Leyeron sus textos en vos alta ante todos sus compañeros casi todos los presentes. Hubo una o dos chicas que no se animaron. Estaban todos muy contentos, revolucionados, sorprendidos, agradecidos. Eso fue lo que expresaron apenas terminamos.
Nos agradecieron muchísimo, algunos dijeron que fue la primera vez que escribieron algo suyo, otros que pensaban que lo que habían escrito era una boludez y al leerlo en voz alta se daban cuenta de que no era así, o sus mismos compañeros se lo hacían saber. También nos dijeron que se notaba cuán preparado estaba el taller, cuanta relación había entre todas las cosas que hicimos y lo mucho que nos entendíamos entre nosotros.

Fue muy muy lindo, hubo mucho amor, mucha confianza, mucha generosidad, apertura y mucho agradecimiento.

Sentimos mucha fluidez, mucha entrega, mucha búsqueda y mucho interés. Fue el primer taller que dimos juntos y nos sentimos muy cómodos, realmente pensamos que estuvo muy bueno. Sin embargo, nos dejó pensando mucho sobre nuestro rol, creemos profundamente que estamos en un proceso de crecimiento muy grande y que es absolutamente parte de éste el momento del taller, el abrirnos durante el proceso, todavía incompletos y con muchos agujeros por todos lados pero también con muchas convicciones claras y una búsqueda muy profunda de seguir abriendo caminos para la expresión en los demás y en nosotros mismos. Estamos con muchas ganas de seguir viviendo estas experiencias y llenos de ideas y preguntas a flor de piel.

Recorridos lectores

El viernes por la noche quedaba poca gente en Valdocco. Todos los chicos de los parajes habían regresado a sus casas el jueves por la tarde, y al día siguiente incluso muchos coordinadores habían salido para pasar el fin de semana en sus casas. En el predio, estabámos acompañados solamente por algunos coordinadores y algunos chicos de Santa Cruz que viven en Valdocco de manera permanente. Ellos vienen de la sede que la fundación tiene en el sur, cerca de Caleta Olivia, que aloja a niños y jóvenes que, por cuestiones judiciales, son separados de sus familias. Algunos han ido a instalarse en Chaco, tanto para hacer la escuela como para formar parte de la institución.

Vanesa (dieciocho años) y Maite (trece) son dos de las chicas de este grupo. Y suelen pasarse todos los fines de semana en Valdocco, según dicen, bastante aburridas.

Quizá por eso, quizá porque ya nos conocíamos por el trabajo con Puentes Culturales, del que ambas forman parte, quizá porque veníamos conversando bastante desde nuestra llegada, aceptaron la propuesta de sentarnos, el viernes a la noche, y después de cenar, en un aula, a explorar la caja de libros. No recuerdo, en realidad, cómo surgió la idea exactamente, pero lo cierto es que al poco rato estábamos los cuatro compartiendo historias e imágenes de la caja plateada.

Empezamos por Trucas. Al verlo en la caja, Maite recordó que, cuando lo había explorado el otro día, no lo había entendido. Evidentemente, sin embargo, algo le había llamado la atención. Le pregunté si quería mirarlo juntos a ver si podía encontrarle una vuelta, y se entusiasmó con la propuesta. Vane y Lechu también se mostraron de acuerdo, así que tomé el libro y, desde la tapa, empezamos a recorrerlo.

Para quienes no lo conocen (y recomiendo, de paso, que lo hagan pronto) Trucas (Juan Gedovius, FCE, Colección A la orilla del viento) es un libro compuesto solamente por imágenes. No voy a hacer un resumen de la historia, porque ya otra persona hizo algo así, y está abajo para quien quiera leerlo. Sí voy a aclarar que es para mí un texto muy querido. Lo conocí hace un buen tiempo, a través de Ani (Siro) lo usé para muchas mesas de libros y, además, es el símbolo elegido por el Centro de Lectores de la Escuela San Pedro Claver, coordinado por mi gran amigo el Mago (Javier Maidana) y en el que estuve yendo casi todos los viernes de la primera mitad del año, a hacer trabajo de campo y, por supuesto, a disfrutar de un gran espacio de lectura.



La noche del viernes

Tiempo disponible, en un lugar calmo, poca gente y muy interesada, contexto ideal para meterse en la historia. Y así fue. Sin ningún apuro, fui, desde la tapa hasta la contratapa, ofreciendo y conversando todo el relato, a través de las imágenes, con el grupo. Al terminar, le pregunté a Maite qué le parecía ahora el libro, y sonrió contenta.

Por suerte, la caja tiene también otros libros del estilo. Y aprovechamos para explorarlos uno por uno, comentando, preguntando, proponiendo. Luego pasamos a otros textos: leímos algún cuento, poemas, coplas, saboreando palabra a palabra, línea a línea, mirada a mirada. Debemos haber estado más de una hora ahí dentro, abriendo horizontes. Y nos fuimos recién cuando les propuse cerrar la noche con un cuento de terror en lo oscuro.

La propuesta les encantó. Salimos, entonces, con el libro La dama o el tigre y una linterna de esas que se ponen en la frente. En el libro, está el cuento “La pata de mono”, excelente relato e ideal para noche negra. Caminamos unos cuantos metros, alejándonos de la zona de las aulas, pero sin meternos en el monte, por las víboras. Y ahí, con la orquesta del impenetrable de fondo, dimos voz y aire al relato.

Fue el cierre de un encuentro hermoso, y después de eso nos fuimos a dormir. Pero con muchas sensaciones adentro.

Las lecturas

Maite y Vanesa no se presentan a sí mismas como buenas lectoras, y no se si alguno de sus docentes las piensan de esa manera. Maite arrancó la noche diciendo que Trucas no le gustaba porque no lo había entendido; Vanesa me había dicho el día anterior que a ella no le gustaba leer. Ese rato de la noche se pasaron, sin embargo, un buen y lindo rato entre los libros de la caja.

Lo que quiero destacar acá es que el movimiento de ese rato no se quedó ahí. Por un lado, porque fortaleció y resignificó nuestra relación. Al atravesarla por historias, personajes, imágenes, palabras, pasamos a tener, de un día para otro, un repertorio de horizontes en común, al que podemos referirnos cuando queramos para recordar, aún en silencio, un momento, un lugar, un compartir.

En este sentido, si bien cualquier buen momento compartido tiene probablemente como efecto el resignificar una relación humana, el momento compartido con poesía, con literatura, con libros, puede tener la especificidad de ampliarlo a una multiplicidad de mundos, de ritmos, de caminos.

Por otro lado, quiero rescatar la importancia de lo imprevisible. En ningún momento planificamos este encuentro, ni su secuencia ni su existencia. Y, pensándolo después, tanto Lechu como yo lo pensamos como uno de los más ricos en nuestra estadía en Valdocco.

Recuerdo que, cuando comenzamos a planificar el primer viaje al Chaco, hace dos meses, con Ani y Alejo, hablamos acerca de la importancia de prever momentos abiertos, sin tareas, para dejar lugar a lo emergente. De no hacer planificaciones totalmente cerradas, aún cuando quisiéramos aprovechar al máximo el viaje.

Confirmo ahora la importancia de esa idea, pensando en lo potente que puede ser el equilibro entre metas claras, objetivos planificados, junto con la flexibilidad para aprovechar estos espacios. Y, sobre todo, para confirmar que lo importante es el vínculo, la relación, el encuentro. Que la poesía habilita un canal particular dentro de este vínculo, uno muy hermoso. Pero que se trata de eso.

Los días siguientes confirmaron la importancia del encuentro del viernes por la noche. El sábado por la tarde tuve una conversación larga y linda con Vane, sentados en el pasto, donde nos contamos muchas cosas, compartimos opiniones, ideas sobre el mundo. Y luego la vimos más firme actuando como lectora en voz alta en las funciones, e incluso mucho más participativa de todo el proceso de trabajo de Puentes Culturales.

Además (y esto incluye también a Maite) cuando, el miércoles por la mañana, armamos una mesa de libros en un aula (ver entrada Los espacios abiertos) su relación con todo lo expuesto no parecía para nada marcada por un “a mí no me gusta leer” o un “no entiendo nada”. Algo parecía haberse destrabado y, aunque seguro que no fue sólo del viernes a la noche, tal vez pudo haber actuado como momento bisagra (y esta es una categoría, ahora que la escribo, interesante para pensar el concepto de camino lector).

Respecto a Maite, puntualmente, hubo una escena del encuentro del miércoles a la mañana que merece un apartado propio. Es lo que viene ahora.


Maite y Trucas

(dedicado a los muchachos y muchachas del CDLpT)

El miércoles a la mañana, en el espacio abierto de lectura, Maite llega después de la clase y pregunta qué estamos haciendo. Le cuento que estamos con un rato para explorar los libros, leer y tal vez elegir alguno para llevarse al viaje (al día siguiente partían hacia Buenos Aires por diez días). Decide quedarse.
Ni bien entra, descubre Trucas. Lo agarra y me lo muestra, mientras me mira sonriente. Me pregunta si lo puede “copiar” en una hoja. La miro extrañada, interrogando con los ojos. Como decía antes, Trucas es un libro que carece de palabras.
- Pero lo que me imagino- responde Maite.
Por supuesto, claro, cómo no. Algo incómodo, pero también qué lindo sentirme así de descolocado, notarme, una vez más, más estructurado y esterotipado de lo que creía. Gracias Maite.
Concentradísima, se sienta. Y acá va lo que hace. Así lo dejo.


Trucas Autor: Juan Gedovius 09/09/09

Por Maite Garcés. 13 años.

Estaba un duende muy lindo llevando pinturas para pintar, a él le gustaba mucho ensuciarse y aparte de eso pintar. Pero un día se le apareció una mano diciéndole estás muy sucio te tendrás que bañar, entonces lo metió dentro de una fuente. Trucas no soportaba estar limpio entonces siguió buscando pinturas para ensuciarse, buscó, buscó, buscó, buscó y finalmente encontró un lápiz, pensó lo que iba a hacer con ese lápiz y entonces lo fue a agarrar, pero era la cola de un dragón, Trucas lo miraba pero no sucedía nada hasta que el dragón se despertó, el dragón enfurecido levantó la cola y lo vio a Trucas agarrado de su cola, Trucas salió corriendo pero no pudo escapar del fuego que le largaba el dragón.
Trucas como estaba muy enojado le salía humo por la nariz y entonces se vio que estaba todo negro y empezó a manchar toda la pared, manchaba con sus manos, pies, pelos, todo estaba marcado en la pared.
Finalmente Trucas había encontrado lo que buscaba y aparte de eso le gustaba mucho dejar sus marcas en la pared. Así es como vive Trucas.

Fin.





El espacio abierto


Una mañana, la última en Valdocco, tengo un rato libre y me instalo en el aula en la que venimos trabajando. Armo una mesa de libros.

Los dispongo, en realidad, en distintas secciones, que tenían que ver con cosas que veníamos hablando con los chicos de Puentes Culturales: una de lectura más individual, otra para leer a otros chicos más pequeños, otra pensando en grabar poemas y cuentos en la radio. Vienen algunos de los integrantes de Puentes y se sientan a leer, a explorar. Luego, en el recreo de secundaria, se suman algunos otros. Se arma rápidamente un clima de espacio de lectura.

Pienso entonces en la importancia del espacio abierto. Hasta ahora, lo veníamos planteando, en Valdocco, con la música: que la sala permanezca abierta con un referente todo el día, para que quien quiera pueda ir a tocar, a investigar. Pero lo mismo podría ser con la biblioteca. Aunque sea una o dos veces por semana, con horarios fijos, que esté abierta.

Con uno o dos referentes, los libros fuera de los estantes, un sistema de préstamos y lectores en voz alta disponibles para prestar su cuerpo a los textos y, además, recomendar. Un ofrecer permanente, disponible, que esté presente todo el año. Para que quien quiera, cuando quiera.

Se que esto es bastante obvio. Es ni más ni menos que una biblioteca. Pero, por lo pronto, en Valdocco, y aún habiendo libros, no existe. Los chicos ni saben qué libros hay, y no tienen muchas oportunidades de explorarlos. Y, ampliando más, pocas bibliotecas en el país, por lo que conozco, tienen espacios así. Cuentan con libros, sí, y personas, y un lugar. Pero el espacio pocas veces es de ofrecimiento y es, en este sentido, abierto.

Entonces, no está de más describir brevemente la propuesta, volver a empezar desde lo muy chiquito, y describir un poco lo que sucedió esa mañana, aunque sea en un mapa breve.

Además, personalmente, me doy cuenta que vuelvo a valorar mucho este espacio que, para mi fue, de chico, hecho por varias bibliotecas: la de casa, la de la escuela, la pública (en realidad, privada pero abierta a cualquiera que quiera ser socio, La luna, con Roberto Sotelo). “Lo único que cuenta es lo que se ofrece. No el minuto después. No su excesiva valoración” (Carlos Skliar, cito de memoria de La intimidad y la alteridad, perdón si, tal vez, lo modifiqué).





Almohadones, alfombra, sahumerio, música. Además, y esto es importantísimo, los mediadores. Con sus cuerpos, sus miradas, sus voces, sus palabras. Los vínculos humanos. Las relaciones sociales sosteniendo los recorridos de cada uno.

Sacar los libros. Abrir las historias. Llenar el aire de horizontes.

De la diversidad

Esa mañana, variedad de escenas. En un aula, en una mesa.

Maite copió, inventándola, la historia de Trucas (ver en la entrada Recorridos lectores). Ahora lee Cosas que pasan, de Isol.

Celina lee, contenta, a Nicolás Guillén. Era ése, Sóngoro Cosongo, el libro que quería desde que lo descubrió el pasado jueves.

Franco entró preguntando “qué hay que hacer”. “Hayquenada”, le respondí. Y le conté que los que tenían ganas estaban leyendo o explorando libros. Agarró a Salgari: Los dos tigres, en edición Robin Hood. Y no para.

Vanesa leyó, primero, como siete capítulos de Pinocho. Después, como, según me dijo, “no sabía que hacer”, escribió un cuento. Y ahora lo pasa en limpio. Me llama, entonces, y me dice que, al reescribir, no está poniendo lo mismo. “Estoy poniendo otra cosa”. Cuando termina, nos regala la hoja.


María, de las coplas de los fileteados, patas en una silla, hace rato con Villafañe y el Gallo pinto. Ida y vuelta, mate de colores. Tranquila está, María.

Alejandra entró y se quedó un rato calladita, sentada. Estaba, me dijo, cansada. Luego me pidió que le recomiende algo. ¿De qué clase? Novela. Le mostré El vizconde demediado, de Calvino, y le leí la parte de atrás. Se lo llevó, para empezar a leerlo y ver si se lo lleva al viaje.

Yo converso con el que quiera, me acerco, miro, leo, escribo. Y disfruto de la intensidad de los muchos mundos que, ahí dentro, están conviviendo.

Taller del número dos

La segunda semana, nos propusieron trabajar con los alumnos de Terciario. Son unos 70, en total, y, para poder tener grupos de número más o menos potable, decidimos dividirlos en tres: uno lo tomaría Cristian, profesor de plástica de Valdocco; otro Lechu, para trabajar con la música; el otro yo, para hacer un taller de escritura.

Ya el viaje pasado, cuando estuve hace dos meses había hecho algo similar. Y me parecía importante retomarlo, ya que había visto gran necesidad de escritura expresiva en muchos de los participantes, además de varios que me habían manifestado su gusto por el clima de los talleres. De todas maneras, se trataba de trabajar con la totalidad de los alumnos. Y eso implica, siempre, que algunos no estén tan a gusto.

Aún así, decidimos mantenerlo como una actividad obligatoria, en parte por decisión de la coordinación de la institución, en parte por ser algo nuevo, desconocido para muchos de ellos, que no iban a tener toda la información para optar realmente. También, en parte, quizá, como desafío.

El desafío también se planteaba en el armado del módulo. Estando de viaje, aunque llevamos algunas cosas, no son tantas. Estoy acostumbrado a trabajar con textos disparadores, y ellos en general vienen de libros. No los tenía ahora. La biblioteca estaba entonces reducida a lo poco que trajimos, los libros de Valdocco y, claro, mi memoria: el principal soporte con el que quiero trabajar.

Se trata de generar espacios donde propiciar la expresión. El desafío es hacerlo con lo puesto y poco más. En lo posible, eso poco más que sea de lo que hay en el lugar.

Así fue como pensé, en la siesta, cómo iba a ser el módulo. Y quedó lo siguiente.

Taller del número dos

0. Punto de partida: decir L´homme et la mer (de Baudelaire, lo se de memoria) en francés y en castellano.

Ya el hecho de escuchar un poema en francés es una experiencia nueva (¿y que podría llamar “poética”?) para casi todos los participantes. Bienvenido entonces.

1. Viaje hacia el mar: improvisando con las palabras, propongo tomar como punto de partida la imagen que haya generado el poema de Baudelaire para cerrar los ojos y avizorar el mar. Aunque muchos nunca estuvieron en el mar, no importa. Que se acuerden de imágenes de la televisión, de películas.

Entonces continúo con lo sensorial. Mientras me muevo por todo el espacio, voy describiendo olores, sabores, texturas, imágenes y sonidos marinos. En el final, describo el movimiento de expansión y concentración de las olas: va y viene, va y viene, va y viene…

Les propongo que escuchen la propia respiración con el mismo movimiento. Que sientan el aire entrar y salir. Y, así, hablo un poco acerca de todo lo que, en el mundo, es de a dos y complementario (Tao). Vuelvo al mar y la respiración y los hago abrir los ojos.

2. Recolección de palabras: una lista grande de cosas que, en la vida y en el mundo, se oponen y complementan.

3. Tal como muchas cosas son así, de a dos, en la vida, a veces necesitamos maneras de expresarlas, de encontrarles sentido. Así introduzco el poema de Federico con el que voy a trabajar. Lo tomé de un libro en Valdocco, aunque a esta altura ya me lo aprendí.


Balanza

La noche quieta siempre.

El día va y viene.

La noche muerta y alta.

El día con un ala.

La noche sobre espejos.

El día bajo el viento.

(tomado de Mariposa del aire, Colihue)

Lo repito varias veces, y propongo:

Tomando las propias percepciones del día y la noche, robar la estructura (El día… La noche… El día… La noche… El día… La noche…) y, aprovechando las palabras recolectadas, escribir.

Agarro entonces la guitarra y, clima de fondo, adelante.

Luego, puesta en común.

El número dos en Valdocco

Hice el taller con tres grupos distintos del terciario. Y, aunque los tres fueron diferentes, hay algunas cosas que puedo registrar en común, tanto respecto al grupo como respecto a mí. Los textos que escribieron se los dejé, no los tengo. Aunque muchos los fui viendo porque, aunque no llegamos a hacer la puesta en común (la dejé para el día siguiente y luego no pude volver a reunirme con ellos por modificaciones del día en Valdocco) mientras escribían, me iba acercando a conversar acerca del texto y el proceso de escritura.

En muchos de los casos, la intervención fue proponerles releer pensando qué palabras realmente habían elegido ellos y tenían que ver con su propia mirada, y a partir de ahí reescribir. Muchas veces, les señalaba cosas que para mí eran muy propias y otras que tenían más que ver con los lugares comunes, aclarando que no es que el lugar común esté mal, sino que hay que saber que lo es y, en todo caso resignificarlo o asumirlo como tal. Pero que, al mismo tiempo, todos tenemos posibilidad de hallar palabras propias.

Como balance de estos talleres, me quedan varios puntos para anotar:

- Creo que tanto el momento del poema en francés como la ensoñación con ojos cerrados valen por sí mismos, y son momentos poéticos que, para muchos de ellos pueden haber sido ricos. De hecho (y como Mercedes siempre me enseñó que le enseñó Paco Cabrera) con que para uno solo haya sido una experiencia intensa, ya vale la pena.

- Relajé, como tallerista, varias cosas que considero importantes pero que, evidentemente, no son imprescindibles. Es decir, dejé un poco de lado mi obsesión, y entonces el taller se llamó “de escritura”, simplemente, usaron hojas de carpeta, ya que no había blancas, y no esperé tampoco hacer el gran momento de la semana o de la vida de nadie (espera que siempre está latente). Me vino bien, claro, y así pude rescatar cosas ricas.

- La lista de oposiciones, como ejercicio de recolección, funcionó maravillosamente. Interesante para tener en cuenta.

- Me di cuenta que la ensoñación guiada es algo que puedo aprovechar para ofrecer cuando no tengo libros (y no sólo). Y que puede tener un valor en sí mismo, aún cuando las escrituras, luego, no sean nada especial.

Dos reflexiones más, a modo de cierre

La primera, escrita durante el taller, mientras escribían.

“En algunos momentos, cuando hablo, proponiendo que cierren los ojos, algunos se ríen. Pienso entonces que lo que estoy haciendo no está bien, o que, al menos, no está bien encaminado. ¿Por qué va a interesarles, si no lo eligieron? ¿Por qué van a venir preparados?

Pero es un sentimiento por el que no me tengo que dejar invadir. Por un lado, porque, si está mal enmarcado, y están sin elegirlo o sin saber bien para qué están, no es un problema mío, sino de la institución en la que estoy trabajando. Por otro lado, porque el espacio sí resulta valioso para algunos de los que participan. Parece algo muy nuevo para ellos, y se los ve, a la mayoría, muy concentrados mientras hablo.

Por otro lado, para los que ríen, el hecho de que yo siga sin inmutarme, jugándomela por la poesía, es también una posibilidad de resignificar algunas representaciones sobre el cuerpo y las palabras”.

La segunda, por la noche

“Lo que sostiene.

Pienso en algo durante el taller: ¿a qué se debe tanto cansancio al coordinar un taller? ¿Qué es lo que habilita a escribir a gente que no lo hace habitualmente? Estas dos preguntas están relacionadas entre sí. Creo.

Una hipótesis: el tallerista funciona como garantía de la expresión. Garante en sentido social: pone su cuerpo, su energía y su investidura para valorizar socialmente la expresión en tanto una práctica, una actividad.

Esto, que es válido para toda práctica docente, implica un acto de sostener largo, pesado, cansador”.

Escenas de lectura en Valdocco

Escenas de lectura
3 de septiembre, Valdocco Impenetrable



Me toca trabajar con secciones de la escuela secundaria. Sin demasiado tiempo para organizar una secuencia de taller, y también conciente de que los libros más nuevos que hay en la institución no han sido muy explorados, decido armar, en el aula, una mesa de libros. Desarmando la lógica espacial de las clases, ofreciendo un rato de exploración que no es habitual en el cotidiano de la cursada, pienso que es una actividad sencilla que puede ser intensa.

Además, pienso al decidirlo, me permite ir trabajando momento a momento con la docente, e ir haciendo una suerte de capacitación o acompañamiento reflexivo sobre las prácticas de lectura literaria. Esto último no sería posible, sin embargo, ya que se quedó, ella, ocupada en tomar un examen recuperatorio en el aula de al lado.

Entro a la clase de noveno año con la caja. Antes de abrirla, y ofrecer los libros, elijo uno para compartir con ellos y abrir un espacio de intercambio. La dama o el tigre es un cuento que me parece bueno para ese objetivo, tanto por su facilidad para disparar opiniones como porque lo conozco bien. Empiezo, entonces, por ahí.

Sin embargo, al terminar de leer el cuento, la participación es mucho menor de la que esperaba. Algunos opinan, pero no desarrollan demasiado los argumentos, y el debate no se termina de amar. ¿Por timidez? ¿Porque no me conocen? ¿Porque no entendieron el cuento o no les gustó? No puedo saberlo por el momento. Después, sin embargo, me encontraría con que, al cruzarlos, en los días sucesivos, por los pasillos, me mirarían y me harían algún comentario sobre el relato.

En el día mismo de la actividad, propiamente, es la exploración de libros la que despierta mayor avidez. Práctica más íntima, no tan expuesta, y sostenida en un objeto, resulta, evidentemente, más sencilla de sostener socialmente.

Yo me quedo en un rincón. Me acerco cada tanto a acompañar alguna búsqueda, pero las intervenciones son breves. Más bien escribo, o leo yo también. Y miro. Me descubro, como otras veces también, a medio camino entre el tallerista y el etnógrafo. Un lugar que me gusta.

El tiempo y el espacio se fragmenta, en la exploración, en escenas, integradas, al mismo tiempo, en un clima. O al menos así lo vivo y lo conceptualizo yo. Pienso, en ese momento, en el valor de la categoría de escena. Me sirve para comprender la diversidad que late en el aula, y para escribirla (muchísimo, para escribirla). Al mismo tiempo, me pregunto qué otras maneras habría de mirar lo que está pasando. Y, claro, de escribirlo.



Por lo pronto, es desde acá que me paro, y, de escenas, ofrezco dos. Pero invito a todo lector a acompañar esta pregunta. Las fotos también servirán para recorrer el camino.

Celina y la poesía de amor



Ella agarró Los versos del capitán, de Neruda. Me acerqué y, tras preguntarle si le gustaba la poesía de amor (y que ella respondiera que sí) le ofrecí que lea también a Girondo (dejé el libro abierto en “Mi lumía”) y Gelman (señalándole también una página con poemas catalogables en este género). Acepta la oferta (difícil no hacerlo, teniendo yo la investidura docente) y al rato la veo con Gelman entre manos.
Más tarde, me diría que fue Gelman quien le gustó especialmente.

Me quedan algunas preguntas dando vueltas, en el durante: ¿qué fue lo que le gustó de Gelman? ¿Alguna palabra? ¿Algún ritmo? ¿La marca que le da a un libro el ser ofrecido por otro? ¿Qué puede tener en común su placer con Gelman con el mío? ¿Cómo juegan en este placer (por llamarlo de alguna manera) variables culturales, sociales, psicológicas, por nombrar algunas?

Al mismo tiempo, la categoría de “poesía de amor”, propuesta por ella, juega de puente entre su manera de relacionarse con las palabras y la mía. Ahí, encontramos un lugar en común. Y desde ahí podemos compartir, resignificar, redescubrir. También, seguramente, entendemos cosas distintas por “poesía de amor”. Pero eso no importa demasiado mientras nos permita comunicarnos, poner algo en común.

También funciona, el “poesía de amor”, como un mecanismo de repetición y diferencia (algo que creo haber aprendido cursando Teoría y Análisis Literario con Panesi). El género literario, la categoría de clasificación, funciona como pívot, de algún modo. Un punto fijo, y de ahí nos movemos. Y entonces ampliamos el mundo, y también la misma categoría se transforma.

Ya otras veces me planteé, trabajando con jóvenes, estos mismos interrogantes. ¿Hay una experiencia común, que es lo que nos permite establecer el diálogo y arrancar, juntos, el movimiento? Hoy por hoy, pienso que sí, y que esa es la base de una antropología de las prácticas poéticas. Llamemos a esa experiencia “comunicabilidad de lo ininteligible” (Jorge Wagensberg), “espacio poético” (Laura Devetach, Graciela Montes) expresión (el decir lo indecible de Merleau-Ponty) o “lenguaje poético” (Paul Ricoeur) o como sea, me permite poner en común toda una serie de prácticas de escritura, oralidad y lectura que plantean una misma relación con el mundo, aún con sus diferencias.

De todas maneras, las preguntas siguen siendo muchas más. Y seguirán en el camino de la FICYP, andando.

Gonzalo al suelo

Se echó en el piso, contra la pared de la ventana. Tiene en su mano El gallo pinto, de Javier Villafañe. Y lee bastante bastante ensimismado.

Es el único en ir al suelo, el resto siguen en las sillas.

Luego, lo veo sentado en la mesa, escribiendo. Me acerco, espío. Está copiando poemas en su carpeta.

Otro de los chicos está junto a la ventana, patas arriba de una silla, con un libro. Largo rato pasa sin que se mueva mucho.



De chico, yo leía muchas veces panza abajo, sobre un almohadón. Y no era lo mismo, claro que no. El cuerpo necesita abrirse, moverse, hacer lugar para los horizontes que entran (ver después el testimonio de Marcos en el taller con el profesorado de Psicología)

En estas escenas (¿cómo interactúan las escenas, éstas, todas?), tomo conciencia más cabal de lo importante de romper las especialidades cotidianas. Las caras de estos dos chicos, sus gestos, son distintos a los que están en las mesas. No sabría decir bien cómo, pero noto algo de diferente.

Y pienso en lo importante de romper las espacialidades de todos los días.

Modos de leer, días, cansancios

Es poco y es mucho lo que se puede ver en un rato de explorar libros con un grupo de chicos. Además de la pregunta por lo común y lo distinto de la experiencia poética, hay otras preguntas que también es interesante plantear.

Algunos de los chicos leen un solo libro sin parar, todo el rato que dura el encuentro (como una hora y veinte). Otros pasan de libro a libro, ansiosos o aún sin encontrar. Otros cambian al rato de mirar. En cada cambio, de cada chico, hay distintos gestos, sobre todo en el rostro.

¿A qué se deben estas diferencias? ¿Personalidades? ¿Al día que tiene cada uno? ¿A su historia en la relación con los libros? ¿A haber encontrado o no algo interesante? ¿A habitus respecto a las historias, a las palabras, a los libros, al aula? ¿A una relación con la autoridad (yo, en este caso)? ¿A relaciones con los compañeros? Seguramente todas estas variables (y más) entran en juego, ¿cómo comprenderlas? ¿Es necesario comprenderlas todas?

Además, como bien sabemos, las mismas estructuras cambian. De hecho, ése es el objetivo del tallerista, del docente.

Pienso que no es necesario comprender todas estas variables. Por un lado, porque es imposible. Y (Juarroz) “el azar es una mano más segura”. Por otro lado, porque ya con tener a mano estas preguntas (y otras) puedo ir viendo, en el momento, algunas de las importantes.

El taller con Oratorio: ¡Indios para el antropólogo!

Al día siguiente, me propusieron trabajar con los chicos de Oratorio. Ellos son, en su mayoría, wichís, y la distinción entre wichís y criollos es central tanto en Comandancia Frías (el pueblo cercano a Valdocco) como en Valdocco. Desde el lugar del viajero, que los ve un rato y en Valdocco, sin siquiera establecer un diálogo, la distinción se hace manifiesta sobre todo en dos aspectos: el lenguaje es tal vez el principal (aunque hablan castellano, es claramente su segunda lengua), aunque también algo en la fisonomía es distinto. En Valdocco, podemos reconocer las caras de los wichís, o de la mayoría de ellos.

Más allá de esto, el trato es muy distinto (pero claro que se retroalimentan el trato con la autoadscripción). Y es sobre todas estas variables (y acá sí muchas, pero muchas más, que ignoro notablemente) que las preguntas anteriores pueden ir recorriéndose. Por lo pronto, y también en tren de no ahogar al lector, voy a contentarme con describir brevemente lo que hice y lo que sucedió.

Antes, otra aclaración: los chicos que participan en Oratorio están en edad de primaria, y van a contraturno de la escuela. El Oratorio, actividad habitual de las instituciones salesianas, es, de algún modo, una especie de espacio recreativo.

Viernes a la tarde. Decido encarar la actividad en el espacio verde de Valdocco, tanto por mis ganas como porque me parecía lindo para los chicos. Árbol, sombra, caja de libros. Ronda, con varios coordinadores participando también (además, al ser al aire libro, se sumaba el que quería).

Comienzo con un poema de Nicolás Guillén que amo, recité muchísimas veces, y lo tengo incorporado tanto en la memoria como en la voz y en los brazos, creo que en todo el cuerpo. “Canción de cuna para despertar a un negrito”. Dura creo que un minuto, y tal vez es el único minuto de la hora que dura la actividad en el que consigo que los chicos me miren sostenidamente a los ojos.

Cuando el poema termina, intento conversar un poco con ellos, pero no obtengo más que respuestas evasivas. Abro entonces la caja de libros, y los dispongo en el pasto. Hay de todo: libros-álbum del FCE, novelas, cuentos, poemas ilustrados de la colección Los morochitos de Colihue, libros de poesía de colecciones “para adultos”, entre varias otras cosas.

Los disperso, y les ofrezco explorarlos. Se acercan, primero tímidos y luego más resueltos. Se los llevan a sus lugares, y los miran con los coordinadores, los leen, se los comentan entre ellos.

Es ése el escenario que va a perdurar hasta el fin de la actividad, y que yo recorro intentando, casi siempre sin éxito, leerles algo, conversar, mirar juntos.

El único momento en que logramos una pequeña conversación es cuando, integrando también a Pollo, un adulto intérprete, hablamos, a partir de una greguería de Ramón de la Serna, acerca de cómo se dicen algunas palabras en wichí. Eso sí me lo contestan, y me miran interesados. Sin embargo, al rato se diluye, cuando intento meter a García Lorca y sus “Historietas sobre el viento”.

Por suerte para el tallerista, ésa es una actividad que considera “poética”.

Más allá de esto, y sin intentar un análisis en profundidad (que requeriría no sólo más conocimiento del lugar sino un lapso de tiempo mucho más prolongado) hay dos temas que me quedan como pequeñas y parciales conclusiones de la actividad. Uno, que se fascinaron bastante tanto con el objeto libro (no se si en algún lado tienen la oportunidad de explorarlo) como, particularmente, con las imágenes. Las miraban y las leían, creo que en distintos juegos: el único que pude entender es el de buscar parecidos entre los personajes y personas que ellos conocían.

El otro tema que me quedó es el del idioma. Primero, el tener en cuenta que si a mí me ofrecen un taller en inglés (por pensar una lengua que no es la mía, pero que manejo más o menos bien, y que al mismo tiempo considero colonial) no se si voy a coparme demasiado, salvo que sea en un contexto particular y, tal vez, con alguien que conozco. Segundo, que el juego de las traducciones, de los vacíos que se abren entre lengua y lengua, puede ser un espacio muy interesante de trabajo intercultural con la palabra poética.

Más allá, siguen vigentes todas las preguntas. Que seguiremos recorriendo a lo largo del viaje.